TRES AUSTRALIANOS EN PAMPLONA:
LO BUENO, LO MALO Y LO DIVERTIDO
Untando mantequilla y Vegemite sobre un pan inconfundiblemente español, la conversación vuelve a sus raíces y Andrew, Paul y Rachel empiezan a debatir sobre la mejor manera de comer Vegemite, cuáles son sus aperitivos favoritos y qué es lo que más les gusta de la gastronomía de Pamplona. Las bromas y las risas surgieron con naturalidad. De alguna manera, compartir snacks conocidos e intercambiar opiniones sobre otros nuevos creó un punto en común, un recordatorio de que incluso completos desconocidos pueden conectar a través de los recuerdos compartidos del lugar que una vez llamaron hogar.
Andrew
Rachel
Paul
DEBERÍAN HABER SIDO UNOS POCOS AÑOS PERO SE CONVIRTIERON EN TODA UNA VIDA
Hay algo especial en conocer a un compatriota en el extranjero y, en cuestión de minutos, darse cuenta de todo lo que se comparte. Rachel, Paul y Andrew recorren sinuosos caminos por Europa, impulsados por el azar o por las oportunidades, que los llevaron a construir sus vidas lejos de la casilla de salida. Y, a pesar de las diferencias en sus trayectorias individuales, están unidos por un denominador común: ser australianos.
Rachel
Me fui de Australia hace más de veinte años. Necesitaba un respiro después de dar clases durante cinco años hasta el agotamiento. Así que pensé: "Voy a recoger uvas en los viñedos durante un par de años". Y ese par de años se convirtió en uno, y luego en otro, y así sucesivamente… Hasta que, después de tantos años, sigo viviendo en esta pausa. Al principio, mi familia solía preguntarme: "¿Cuándo vas a volver a casa?". Pero después de unos años dejaron de hacerlo, y ahora solo me preguntan: "¿Sigues feliz?". Creo que ya aceptaron que no volveré.
Cuando llegué a Europa empecé trabajando en los “Asili Uniti”, en Italia, donde simplemente cantaba y jugaba en inglés con los niños y las niñas. Eso fue en febrero y, para septiembre, ya tenía un trabajo a tiempo completo en una guardería británico-estadounidense. Trabajé allí durante unos años hasta que volví a sentir ganas de irme y me fui a Rusia donde me quedé durante dos años. Allí me di cuenta de que, si quería quedarme en Europa, necesitaría un pasaporte europeo. La familia de mi madre es de Irlanda, y gracias a ella, pude obtener un pasaporte irlandés, lo cual fue crucial. Espero no sonar presumida, pero creo que tener un pasaporte europeo y uno australiano es la mejor combinación: son dos pasaportes muy fuertes.
Bianca
¿Y con qué frecuencia vuelves a Australia?
Rachel
Normalmente una vez al año. Por supuesto, durante la pandemia no podía llegar allí, ya que las fronteras estaban cerradas.
Esa fue probablemente la primera vez que Australia me pareció realmente lejana, porque no pude llegar. Me gustaría ir en Navidad, pero en Cairns, mi ciudad, hace demasiado calor en esa época. Además, las vacaciones son cortas y los vuelos están carísimos. Como soy profesora tengo largas vacaciones de verano, por eso suelo ir durante julio y agosto. Me voy el día en que empiezan las fiestas de San Fermín o justo antes, y regreso al final del verano.
Bianca
¿Y tú, Paul, cómo es que estás aquí en Pamplona?
Paul
Tuve la oportunidad de trabajar aquí y buscábamos una ciudad con una escuela que ofreciera más apoyo a mi hijo. Aquí había buenas opciones tanto en términos de la trayectoria escolar como de las perspectivas de futuro, y este fue uno de los factores decisivos.
¿Por qué decidimos quedarnos? Para el trabajo, obviamente, porque nos da de comer. Pero Pamplona me gusta realmente y toda España en general. Esta ciudad es preciosa; tiene el tamaño perfecto, ni muy grande ni muy pequeña, una mezcla ideal. También tengo que decir que soy australiano, pero mis padres y mi esposa son italianos, y por eso siento una afinidad con los países mediterráneos. España se parece mucho a Italia, y esta forma un poco caótica y ruidosa de hacer las cosas me resulta familiar. Me siento en casa tanto aquí como en Australia.
Bianca
¿Alguna vez has pensado en volver a Australia?
Paul
No para vivir allí. Me fui de Australia en 2007 y no sé si podría reintegrarme. Con todo lo que hemos hecho y todas las experiencias que hemos vivido, volver sería como retroceder en el tiempo. No en un sentido negativo, como si Australia fuera retrógrada, sino cómo dar un paso atrás en mi trayectoria de vida.
Andrew
Me parece lógico. Es decir, si vuelves a vivir en Australia, será muy diferente de la que dejaste en el 2007.
Paul
Así es, las cosas allí han cambiado y nosotros tampoco somos los mismos. Nuestra perspectiva es diferente ahora. Tengo muy buenos amigos en Australia, compañeros del colegio, y mantenemos una relación maravillosa; siempre es genial ponernos al día. Es muy agradable volver de visita, pero no creo que me sintiera realizado si me mudara allí definitivamente.
Bianca
¿Y tú, Andrew? Bueno, para empezar, ¿qué te trajo aquí a Europa?
Andrew
En 2004, como muchos jóvenes australianos, quise irme a vivir al extranjero durante un tiempo, y Gran Bretaña me ofreció una visa de vacaciones y trabajo por dos años.
Pensé que estaría allí un año y medio, dos años, y luego volvería a casa. Al final fueron cuatro años en Inglaterra, hasta que mi trabajo desapareció y me mudé a Alemania. Supongo que estaba intentando prolongar la aventura; no me sentía preparado para volver a casa todavía. Al final me quedé allí nueve años, conocí a una chica española, y ella quería volver a Pamplona, así que la seguí hasta aquí y nos casamos. Si no la hubiera conocido, no creo que me hubiera mudado aquí jamás.
Al principio fue difícil, porque dependía mucho de su círculo social. Me resultaba raro y complicado crear el mío propio. Ahora estamos separados y oficialmente divorciados, pero he decidido quedarme en Pamplona porque me gusta mucho vivir aquí, básicamente por las mismas razones que mencionó Paul. Es una ciudad de buen tamaño y me gusta mucho el estilo de vida.
No es solo Pamplona, también son España y Europa en su conjunto. Llevo 22 años viviendo en Europa y, si volviera a Australia, aunque tiene muchas cosas buenas, estaría muy lejos de estos lugares. He vivido como extranjero durante tanto tiempo que se ha convertido en parte de mi identidad. No soy de este país, soy extranjero, y eso hace que veas las cosas con otros ojos. He llegado a disfrutar mucho de ello. Si volviera a Australia y le diría a alguien: "Oh, viví en Europa durante 22 años", a nadie le importaría realmente.
Rachel
También siento que si volviera, estaría despidiéndome de una gran parte de mi vida. A veces camino por la calle, o voy en coche a algún sitio, o incluso estoy en casa, y no puedo imaginarme no viviendo aquí. Dicho esto, también me encanta Australia; probablemente la quiero aún más desde que me fui. Antes la daba por sentada, pero desde que me fui me siento mucho más orgullosa de ser australiana. Y sé que Australia siempre estará ahí. Sí, está al otro lado del mundo, pero al fin y al cabo el mundo es pequeño. Hace más de diez años, mi padre sufrió un infarto. Ocurrió un lunes, el martes tomé el avión y el miércoles ya estaba en casa. Fue entonces cuando me di cuenta de que, aunque parezca lejos, es posible. Puedo volver a casa en tan solo un par de días.
Paul
Durante la pandemia de COVID, también me pareció una de las cosas más difíciles. Australia ya está al otro lado del mundo, y cuando desapareció la posibilidad de subirse a un avión, no fue fácil.
Rachel
No, en absoluto. Recuerdo que mi madre estaba muy preocupada durante la COVID, por todo lo que veía en las noticias. Pero yo estaba a salvo, de hecho, viviendo mi mejor vida: encerrada en mi piso, ¡y me encantaba! Soy introvertida-extrovertida, y como tenía perros, no estaba atrapada en casa porque tenía que sacarlos. Fui una de las afortunadas que pudo salir a dar paseos.
Paul
¿No adoptaste un perro cuando empezó la COVID?
Rachel
No, no, no, ya tenía perros.
Andrew
¿O decidiste salir y comprarte un perro? Podrías haberle puesto un cartel que dijera: UNA VUELTA A LA CUADRA - 10 EUROS, ¿quizás?
Rachel
No, no confío en nadie para pasear a mis perros, soy una madre muy sobreprotectora.
CUANDO LAS CIUDADES INFLUYEN EN CÓMO NOS CONECTAMOS
¿Y si la forma en que se construye una ciudad determina la forma en que las personas se conectan? Lo que comienza como una reflexión sobre el choque cultural se convierte rápidamente en algo más profundo: la constatación de que la arquitectura define la vida social. En Australia, donde las casas y los patios traseros son más grandes, a menudo la vida social se desarrolla a puerta cerrada: barbacoas, patios y jardines. En cambio, en las ciudades europeas compactas, con menos espacio privado, la calle, el parque y el bar del barrio se convierten en extensiones del hogar. Rachel, Paul y Andrew reflexionan sobre cómo la animada vida social de Pamplona es también consecuencia de la escasez de espacio privado, lo que hace que las interacciones personales sean públicas y visibles. Las ciudades cobran vida no solo por su diseño, sino por la forma en que ese diseño une a las personas.
Bianca
Recordando tu primera llegada a España o a Europa en general, ¿qué te pareció extraño?
Andrew
Había visitado España varias veces antes de mudarme aquí, y Pamplona un par de veces, así que no fue una gran sorpresa. Pero si hablamos de Europa en general, fue sorprendente ver lo compactas que son las ciudades y cómo hay gente viviendo en estos pequeños pueblos y callejones. Durante mi infancia siempre pensé que todo el mundo vivía prácticamente igual que yo, así que me resultaba extraño.
Rachel
Para mí, diría que el primer choque cultural fue cuando bajé del avión en Roma y fui en tren del aeropuerto a la estación. Recuerdo pasar por filas y filas de pisos, con la ropa tendida en las ventanas… Soy de Cairns, todos tenemos un jardín con un tendedero en el patio trasero, así que me pareció muy raro. Y probablemente vivir en un apartamento también. Es algo que he aprendido a amar, pero a mi familia le cuesta entenderlo. Mamá y papá siempre me dicen que no pueden imaginar vivir encima de otras personas, pero honestamente, no veo a mis vecinos. En mi país sentía que vivíamos más cerca de la gente porque veías a todos entrar y salir, y todos sabían lo que hacían los demás en la calle. Crecí en los 80 y si querías jugar con alguien, mirabas por la ventana, siempre había alguien jugando en la calle. Mamá siempre sabía dónde estabas, aunque no estuvieras en casa, sabía que podías estar en varias casas. Cuando vives en un piso tienes que ser intencional para bajar y pasar el rato.
Andrew
Cuando mis padres vinieron de visita, mencionaron algo similar. Les pareció muy extraño ver a niños pequeños, de 10 u 11 años, jugando a las diez de la noche. En Australia, eso se considera horrible; uno pensaría que los niños deberían estar en casa durmiendo. Le expliqué a mi padre que solo estaban en la escuela del barrio jugando al fútbol o lo que fuera, y que la mayoría vivía literalmente a tiro de piedra de donde estaban. A diferencia de los australianos, que suelen vivir en casas más grandes, ellos viven en pisos pequeños y necesitan salir. Si no están aquí, probablemente estén en su habitación jugando videojuegos. ¿Qué es lo más saludable para ellos? En realidad, lo que están haciendo probablemente sea la mejor opción.
Rachel
Sí, yo también noté que la gente aquí pasa mucho tiempo al aire libre. Usan los bancos, y probablemente se deba a que los apartamentos son pequeños y sienten la necesidad de salir. Mientras que en casa uno suele invitar a gente a sentarse en el patio trasero o en la terraza, aquí la gente se reúne en los bancos del parque.
Paul
Siguiendo tu comentario sobre que la gente sale mucho… Pasé mucho tiempo en el sur de Italia, donde la gente siempre está de un lado para otro. Pero cuando llegamos aquí, el nivel de actividad en los bares, y la gente comiendo y bebiendo era algo que nunca había visto. Uno se pregunta cómo lo hacen. Incluso durante el invierno, todo el mundo sale: jóvenes, veinteañeros, treintañeros e incluso personas de sesenta y setenta años salen en grupo. Como no tienen casas enormes, cuando quieren reunirse con amigos, salen. Así que la ciudad está llena de vida; me encanta.
Andrew
Yo también lo creo. No es algo exclusivo de los jóvenes, como mencionaste; es para todas las edades. Recuerdo que cuando me mudé a Alemania, tenía la impresión de que los alemanes eran muy aficionados a la naturaleza, más parecidos a los australianos. Cuando se lo conté a mi novia, me dijo: «No, no lo son. Ven a España y lo verás».
CONVIRTIÉNDOSE EN PAMPLONICA
Vivir en el extranjero no se trata solo de aprender un nuevo idioma o de desenvolverse en una ciudad diferente, sino también de absorber un nuevo ritmo de vida. Los nuevos hábitos y rutinas cotidianas, como el almuerzo, el aparcamiento o la siesta, revelan cómo la vida en un nuevo país redefine poco a poco la normalidad. Nuestros tres australianos nos hablan de sándwiches que dan paso a comidas cocinadas, de recados rápidos que ahora implican las luces de emergencia y un gusto recién adquirido por saltarse las reglas, y de cómo la siesta de la tarde, antes impensable, se convierte en un ritual semanal.
Andrew
Almuerzo. Antes, el almuerzo consistía en sándwiches, a menudo con Vegemite. Ahora, para mí, el almuerzo significa una comida completa en un plato: preparo curry, arroz o algo parecido. Me he acostumbrado mucho a eso. Casi siempre como sándwiches cuando estoy fuera de casa, pero cuando estoy en casa es muy raro.
Rachel
Aparcar ilegalmente y encender las luces de emergencia solo para entrar a algún sitio. Jamás haría eso en casa. ¡Jamás, jamás! Es que no se hace.
Pablo
¿Qué pasa con el estacionamiento para personas con discapacidad?
Rachel
No, ahí trazo la línea. Es una línea ética.
O sea, lo he pensado, pero simplemente no podría. Y si puedes aparcar a un lado de la carretera y todos te esquivan, ¿por qué ibas a parar en una zona de aparcamiento para discapacitados? O sea, todavía me pongo nerviosa, y si veo a los inspectores de aparcamiento, siempre tengo una excusa preparada.
Andrew
¿Cómo ser australiano?
Rachel
Esa no. Hablo demasiado español y no puedo fingirlo. Aunque a veces sí digo: «No entiendo estas cosas porque soy australiana ". Por ejemplo, cuando el técnico vino a arreglar la caldera, me lo estaba explicando todo y yo simplemente dije: "No sé, soy australiana, soy de los trópicos. Allí no tenemos calderas, tenemos aire acondicionado".
Volviendo a la conducción, creo que los conductores aquí son bastante corteses. Por ejemplo, cuando necesitas incorporarte a la carretera, cambian de carril. Me frustra cuando vuelvo y nadie lo hace. Es así de sencillo: simplemente cambias de carril para que todos puedan incorporarse fácilmente.
Paul
Así que tengo una cosa, pero en cierto modo surgió antes de estar en España. Recuerdo la primera vez que estuve en casa de mi esposa en Italia, y me di cuenta de que después de una buena comida, todos se levantaban y desaparecían para irse a dormir después del almuerzo. Al principio me quedaba despierto, veía la tele, solo para matar el tiempo. Pero después de unos días pensé en probarlo yo también. Y desde entonces no me he arrepentido. Los fines de semana me encanta echarme la siesta. Pero no la siesta española, que creo que normalmente dura menos de una hora. Yo duermo entre dos y tres horas, así recupero el sueño de toda la semana.
Andrew
A mi esposa no le gustaba llamarlo siesta. Decía que era una pausa para almorzar muy larga.
AUSTRALIANOS EN EL EXTRANJERO
Ser extranjero siempre conlleva ciertas expectativas, algunas triviales y otras más complejas. Paul, Rachel y Andrew encuentran puntos en común al tener que lidiar con una mezcla de curiosidad, estereotipos y la cambiante percepción de ser australiano.
Bianca
¿Qué reacciones suelen obtener de la gente cuando les dices que eres australiano?
Rachel
Mucha gente comenta que no soy rubia. Y no soy una australiana particularmente morena, pero mucha gente todavía tiene esa idea de que todos los australianos son rubios con ojos azules. Y mucha gente me pregunta: "¿Qué haces aquí?".”
Paul
Cuando llegué aquí y dije que era australiana, la gente me miraba con extrañeza. Descubrí que en Pamplona tenemos fama de venir y descontrolarnos por completo. Y lo siguiente que se preguntaban era qué hacía yo allí; no entendían por qué alguien de Australia se mudaría a este país.
Andrew
Me alegra que hayas hablado primero porque yo habría dicho exactamente lo mismo. Sobre todo en mis primeros seis meses aquí, en cuanto conocía a alguien me preguntaban: «¿Ah, eres de Australia? ¿Por qué los australianos siempre se tiran de la fuente de Navarrería?». Mucha gente me hizo esa pregunta en los primeros minutos después de conocerme.
O me preguntaban: "¿Conociste a tu esposa durante las fiestas de San Fermín?" O "¿Practicas surf?"La impresión que la mayoría de los españoles tienen de los australianos es la típica imagen estereotipada: surfeando o de fiesta durante los Sanfermines.
Cuando estaba en el instituto a principios de los 90, dos de mis amigos hicieron un intercambio en Alemania durante un verano. Cuando volvieron nos dijeron, «¡Ah, allí adoran a los australianos!».
Creo que ahora tenemos una generación que ha aprendido eso, y ahora vienen aquí esperando ser muy bien recibidos, pero se comporta como un completo idiota. Me he encontrado con algunas personas que son bastante cautelosas con los australianos. Recuerdo a un colega inglés que tuve en Alemania que había pasado un tiempo en Australia, y también a una chica que conocí en Noruega. Ambos dijeron que su impresión de los australianos no era positiva. Su idea era que éramos unos racistas incultos, que la gente era muy ignorante. Y después de hablar conmigo un rato, quisieron saber qué pensaba sobre esta situación política. Solo cuando mencioné que odiaba lo que nuestro gobierno estaba haciendo con respecto a los refugiados, la chica de Noruega me dijo expresamente: «Si no hubieras dicho eso, no habría querido seguir hablando contigo». Su impresión de los australianos era que son el tipo de personas con las que uno no quiere relacionarse.
Nuestra reputación en el extranjero ya no es la que era en los años noventa. Todavía hay mucha gente que tiene una opinión muy positiva de los australianos, pero no es como antes. Además, nos ven como unos borrachos gamberros.
Rachel
Sí, a menudo me pregunto si es porque nuestras normas son muy estrictas. No sé cómo se compara con Nueva Gales del Sur, pero, por ejemplo, en Queensland no se puede beber alcohol en la calle. Incluso yo, cuando llegué, era 20 años más joven. Pensé: "¡Madre mía, se puede tomar una cerveza en la calle!". No para emborracharme, sino porque me parecía ilegal. Se siente raro poder beber en la calle, y creo que los australianos que vienen de visita se exceden un poco con esa libertad.
Pablo
Y simplemente se vuelven locos.
¿Andrew?
Pero también creo que la gente aquí es más controlada; no bebe en exceso como nosotros en Australia. Han crecido con una cultura en la que se disfruta del alcohol y se come al mismo tiempo, y no consideran que comer sea algo secundario. No se descontrolan hasta vomitar.
Creo que Gran Bretaña tiene una cultura aún más marcada, y la hemos heredado. Cuando era joven, la gente era igual en Newcastle. Había muchas peleas cuando todos salían a beber. Aquí hay una cierta falta de agresividad relacionada con el alcohol. No se ve a tanta gente completamente borracha.
¿DECIR PALABROTAS O NO?
Seamos sinceros: los australianos tienden a decir palabrotas… ¡y mucho! Pero lo que allí parece lenguaje cotidiano puede tener un significado diferente en un nuevo contexto cultural. Los tres australianos nos cuentan cómo controlan su «reflejo de decir palabrotas» según la situación y cómo los deslices ocasionales pueden provocar situaciones embarazosas que te harán reír durante años.
Bianca
¿Son diferentes los hábitos de decir palabrotas en España en comparación con Australia?
Rachel
Me parece que aquí la gente dice muchas palabrotas. Viniendo de una familia católica, lo que más me impactó fue el uso de blasfemias en los insultos. También lo oí de mi padre. Pero aquí, sentí que lo llevaban al extremo.
Crecí rodeada de muchas palabrotas; no sé si es algo típico de Queensland o de toda Australia. Pero, como soy profesora, me he reeducado, porque si digo palabrotas en casa, también las voy a decir en el colegio. Es inevitable. Así que incluso cuando estoy con mis amigos, digo tonterías, como palabrotas “infantiles”, y la gente se ríe de mí. Pero tengo que hacerlo, porque no puedo permitirme que se me escape alguna en medio de clase.
Paul
Debo admitir que, si estoy con australianos, automáticamente vuelvo a mis andadas. Pasé casi cuatro meses en Australia hace unos años, y cuando regresé, estaba maldiciendo como un auténtico australiano. Pensé: «¡Dios mío, qué me ha pasado!». Porque suelo decir palabrotas, soy un malhablado; es parte de mí. Pero cuando estuve en Australia, simplemente se me fue de las manos otra vez.
Rachel
Me pasa lo mismo cuando llego a Australia: digo muchas palabrotas. Y, obviamente, no estoy trabajando cuando estoy allí, así que no tengo que disimular tanto.
Andrew
Como profesor de inglés, también trato de evitarlo en mis clases.
Paul
¿Alguna vez das clases donde enseñas jerga australiana?
Andrew
Sí, uso jerga, pero no tolero las palabrotas. Cuando doy clase y me preguntan algo, siempre les pregunto si pasaría ‘la prueba de la abuela’ “¿Te gustaría que tu abuela escuchara esto? Si la respuesta es sí, entonces está bien. Si la respuesta es no, entonces no, al menos no en clase.
Bianca
¿Alguno de ustedes ha experimentado malentendidos debido al uso de la jerga australiana?
Rachel
Siento que sucede todo el tiempo, incluso en el ámbito escolar. Estoy en una reunión o algo así y digo algo… Mis colegas son todos angloparlantes nativos, pero no hay australianos, y a veces no tienen ni idea de lo que estoy diciendo. Me preguntan si es algo típico de Australia y yo les digo: «No lo sé, no creía que lo fuera, pero al parecer sí».
Bianca
¿Has vivido alguna situación incómoda o embarazosa en la que se hayan producido malentendidos debido a diferencias culturales o lingüísticas?
Rachel
¡Oh, sí! Cuando vas a pedir pollo y no pides pollo. Aquí la palabra para pollo es pollo, peligrosamente cerca de polla, lo cual significa algo completamente diferente en español. Tuve una reunión de padres una vez, y fue una de mis primeras en español. Estábamos hablando de una alumna de primer grado y la madre me preguntó cómo había comido. Había estado comiendo muy bien y le dije: "Ha comido mucho polla hoy". Entonces la madre respondió: "Creo que quieres decir pollo". Me dio muchísima vergüenza... Me disculpé usando la carta australiana.
LA VISIÓN DESDE EL EXTRANJERO
A la distancia, el hogar adquiere mayor relevancia. Nuestros tres australianos reflexionan sobre lo que extrañan y cómo perciben su país desde lejos. Desde confrontar realidades políticas hasta descubrir hábitos que antes daban por sentados, revelan un sentido de identidad nacional más complejo y, a veces, contradictorio. El concepto de "hogar" deja de ser un lugar físico para centrarse en las personas, los recuerdos y los momentos que los mantienen unidos, sin importar dónde se encuentren.
Bianca
¿Cómo ha cambiado tu percepción de Australia desde que la dejaste?
Paul
Para mí, toda la situación de los refugiados y la detención en centros extraterritoriales, 10 o 15 años de incertidumbre, es algo que me cuesta mucho aceptar. Y, sinceramente, me avergüenza que Australia haga eso. Dejarlos allí durante años, languideciendo. Me parece inaceptable. Estoy seguro de que muchos australianos allí no están de acuerdo, pero, por desgracia, nos meten en el mismo saco.
Andrew
Antes de mudarme a Europa, tenía la idea equivocada de que Australia recibía más refugiados que otros países. Ahora me doy cuenta de que otros países reciben la misma cantidad, o incluso más. No hay nada especial en la cantidad de refugiados que recibimos, y no es algo que afrontemos solos.
Otra cosa que ha cambiado mi perspectiva sobre Australia es que realmente no valoramos ni apreciamos otros idiomas. Recuerdo que una vez un futbolista se quejó de que los medios de comunicación australianos nunca podían pronunciar correctamente su nombre, mientras que los medios de otros lugares sí lo hacían. Y otra cosa, quizás menos importante, es que la gente de mi ciudad se queja si alguien se atreve a aparcar su coche en la calle frente a su casa. Es uno de esos problemas… ¡Con tanto espacio!
Rachel
¡Sí! O demasiado cerca de la entrada para vehículos.
Andrew
O tienen sus contenedores de basura afuera y alguien se atreve a tirar algo en su contenedor... ¿Podrías explicarle eso a alguien aquí?
Bianca
¿Y qué es lo más echas de menos de Australia?
Rachel
Para mí, lo más importante es mi familia. Me encantaría tener mi estilo de vida aquí y poder teletransportarme los fines de semana. Esta es la vida que he elegido y uno aprende a aceptarla, pero en Navidad, o cuando todos se reúnen para el cumpleaños de alguien, son los momentos más difíciles. Eso es probablemente lo que más me afecta.
Paul
Lo mismo me pasa a mí: familia y amigos. Con el tiempo, aprendes a manejarlo mejor. Y realmente lo disfrutas cuando vuelves; creo que valoras más la relación porque no la tienes todos los días. Pero también echo de menos ciertos lugares. Hay una belleza diferente en algunos lugares de Australia que también extraño.
Rachel
Dicho esto, también creo que vivimos en una época muy privilegiada. Cuando mis abuelos fueron a Australia hace muchos años, no tuvieron el lujo de hablar con su familia en su país de origen ni de ver sus rostros. Incluso cuando yo estuve en el extranjero por primera vez, cuando no existía FaceTime y todavía había que pagar por las llamadas telefónicas, poder enviar un correo electrónico que transmitiera las noticias al instante era fantástico.
Andrew
Cuando regreso a Australia, realmente me doy cuenta de que este es mi hogar. Aquí crecí y todavía me resulta muy familiar. También siento familiaridad en los otros lugares donde viví, pero en Australia la sensación de hogar es mucho más fuerte. No es que un lugar sea necesariamente mejor que otro, simplemente es diferente. Cuando vuelvo a casa, los pájaros cantan diferente, echo de menos el sonido de los pájaros ruidosos. Los árboles se ven diferentes, incluso el bosque huele distinto. Siempre he sabido, en el fondo, que puedo volver cuando quiera.
Rachel
Eso es lo que quería añadir, además de extrañar a mi familia, lo que extraño es la vida silvestre, porque no se parece a ningún otro lugar en el mundo.
Bianca
¿Y dónde está vuestro hogar?
Paul
No es fácil. Australia sigue siendo mi hogar. Pero no es tan sencillo. Algunos de los otros lugares donde he vivido también me han hecho sentir como en casa. Probablemente porque no son los lugares, sino las personas, las que te hacen sentir que perteneces.
Rachel
Cuando estoy aquí, me siento como en casa. Y cuando regreso a Australia, siempre digo que regreso a casa. Y cuando regreso a Pamplona siempre regreso a casa. Así que mi hogar son ambos lugares, por diferentes razones. Está en Australia porque mi familia está allí, crecí allí, las cosas me resultan familiares. En Pamplona, otras cosas me hacen sentir como en casa, como mi estilo de vida, vivir sola y ser independiente. Nadie pensó que iba a durar tanto tiempo aquí. Les he demostrado, y me he demostrado a mí misma, que estaban equivocados.
Andrew
Supongo que nunca volveré a sentirme completamente en casa. Después de haber viajado y vivido en diferentes lugares, mi lealtad no se centra tanto en un lugar, sino más bien en las personas.