MIGRACIÓN EN LA TERCERA EDAD, AMOR ETERNO Y EL DON DE LA RISA

¿Es la migración realmente una actividad para jóvenes inquietos? ¿Qué sucede cuando tienes más años a tus espaldas que por delante y, en lugar de ver la vida pasar cómodamente sentado en tu sillón, decides hacer las maletas y cruzar el charco?

Me senté con Cathy para tener una conversación honesta y profunda sobre su valiente decisión de mudarse a Pamplona siendo ya adulta. Su historia de vida y sus reflexiones sobre los desafíos personales y culturales que ha experimentado, bellamente enmarcados con un humor brillante y una ironía sutil, nos recuerdan que la resiliencia no tiene fecha de caducidad.


Cathy Ubeda nos recibió en su apartamento de Pamplona con una bandeja de galletas de mantequilla escocesas y un café para llevar de la cafetería del barrio. Mientras nos acomodábamos en el sofá, nos dimos cuenta de que no habíamos empezado a grabar, y que Cathy ya estaba contando chistes y anécdotas que nos estábamos perdiendo. Así que, tras algunos problemas técnicos, pusimos la cámara en marcha y empezó la entrevista.

Bueno, entonces tienes un apellido español. ¿Por qué?

Sí. Me casé con un español, Tony, hace muchas lunas.

Cuéntanos un poco sobre tu marido, ¿cómo se conocieron?

Nos conocimos en lo que antes llamaban "up the dancing", ahora lo llaman discoteca, en Toronto. Yo acababa de llegar a Canadá, tres meses antes, de Escocia, a los 20 años. Tenía el pelo corto y rizado en ese momento, todos estos chicos me invitaban a bailar, y Tony me había visto diciéndoles  que no a todos. Al pasar, nos miramos. Primero él siguió de largo, pero luego regresó y me invitó a bailar. Acepté, y ese fue el principio y el final.

Entonces, ¿qué te hizo decirle sí a él y no a los demás? 

Se veía bien, tenía unos ojos preciosos y pensé: “Sí, vale la pena bailar”. Normalmente, al final del baile, uno dice muchas gracias y se sienta. Pero no lo hicimos, simplemente nos quedamos parados conversando. Y así empezó  todo.

Después de la discoteca, Tony me preguntó si quería ir a tomar un café y le dije que sí.  Eran la una y media de la mañana y seguíamos charlando. Él tenía un gran sentido del humor. Cuando le dije que era tarde y que tenía que irme a casa, se ofreció a llevarme. Mi hermana me había advertido que nunca me subiera al coche con nadie y que, si necesitaba que me llevaran, ella o su marido vendrían a buscarme. Intenté negarme, pero insistió en que era demasiado tarde para coger un autobús o el metro del West End al East End, donde vivía.

Doblamos la esquina y su auto estaba allí estacionado, uno de esos viejos Volkswagen del 65. Nos subimos al coche y, mientras íbamos por la autopista, vi la señal donde debíamos desviarnos, ¡pero él se la pasó de largo! En ese instante pensé: "¡Dios mío, mi hermana...! ¡Me va a matar! ¡Da igual, seguro este tipo me va a matar primero!". Pero en cuanto se dio cuenta de que se había pasado el desvío, dijo que tomaría el próximo., ¡menos mal!.

¿Cuánto tiempo después de eso te casaste? 

Unos meses después. Empezamos a salir en agosto o septiembre, y nos veíamos todos los sábados, domingos y miércoles. Esa era nuestra rutina de citas.

En esa época no se podía ni pensar en vivir juntos sin estar casados, así que en un momento dado le pregunté a Tony: “¿No vas a proponerme matrimonio?”.

“¿Quieres casarte? ¿Cuándo quieres casarte?”, me preguntó.

"En 29 de mayo”, respondí, simplemente diciendo la primera fecha que me vino a la mente.

“Bueno, entonces es el 29 de mayo”, confirmó “¿Quieres un anillo de compromiso?”

“No, quiero un anillo de bodas”.

Tu esposo era de Pamplona y falleció en Canadá hace cinco años, ¿verdad?. Aunque Tony ya no está aquí físicamente, tú vives en la ciudad donde él creció y donde tienes recuerdos de haber pasado tiempo juntos en vacaciones. ¿Ha cambiado tu percepción de Pamplona ahora que estás viviendo aquí, en comparación con cuando venías de visita?

Creo que cuando estás de vacaciones en un lugar, es totalmente diferente. La realidad es el vivir aquí día a día. Unas vacaciones no son la realidad. La gente me parece preciosa; han sido muy amables conmigo. Mis vecinos siempre me dicen: “Si necesitas algo, házmelo saber. Solo necesitas llamar a la puerta”. Se los agradezco mucho. Mi español es terrible, pero me animan porque lo estoy intentando.

Pero me resulta difícil. Es difícil conectar con ellos. Porque la gente tiene sus propios grupos y suele permanecer junta. Son muy familiares, así que entrar en ese espacio es difícil. Creo que hay que nacer y crecer aquí. Incluso Tony decía que es difícil si eres forastero.

 Retrocedamos un segundo a la razón por la que viniste aquí. No te mudaste porque ya no querías vivir en Canadá, así que ¿por qué...?

Mi hija. Quería venir un año para que sus hijos aprendieran español, venir al lugar de donde era su abuelo. Y eso es algo precioso. Un día estábamos en la mesa de la cocina. Acababan de volver de un fin de semana largo, y me dijo: “Johan y yo hemos tomado una decisión. Nos vamos a mudar a España por un año o más”. “¿Y yo qué?”, pregunté. “Ah, tú también vienes, viene toda la familia”.

Y creo que esa es, probablemente, una de las razones por las que ha sido particularmente desafiante para ti porque fueron ellos los que tomaron la  decisión de mudarse  aquí y tú solo los seguistes. Es bastante inusual migrar a tu edad, y conlleva desafíos únicos. De hecho, es muy valiente de tu parte hacer esto...

Es difícil. Lo es. Porque soy mayor y no hablo el idioma. Si fuera más joven, estaría estudiando o trabajando. Uno hace contactos en ese tipo de lugares. Yo...hago mis contactos ¡en el ascensor! Hablo con la gente en los ascensores. Creo que lo hago porque los ascensores me dan mucho miedo. De esta forma dejo de preocuparme de que el ascensor se atasque. Solo me concentro en hablar.

¿Pero lo volvería a hacer? A esta edad, no lo haría. Es demasiado. Mi mayor preocupación es mi salud... Toco madera. Estoy bastante bien ahora mismo, pero si me enfermo, ¿cómo me comunico? Cuando voy al médico, ¿cómo puedo decirle cómo me siento? Aquí es donde entra el problema del lenguaje.

¿A quién pediría ayuda? ¿A los chicos? Los llamo chicos pero me refiero a mi hija y a su marido. Ellos están ocupados, trabajan y se ganan la vida. Así que siento que debería de ser diez años más joven. Cumpliré 76 en un par de meses, así que para mí es un gran reto.

¿Qué crees que tu marido pensaría o te diría ahora? 

Que estoy loca. Él estaría pensando: "Dios mío, ¿qué está haciendo ahora?". Creo que estaría feliz de que yo esté aquí y enojado de no poder estar él..

Estaba mirando tus manos y me acordé que mencionaste antes que todavía llevas tu alianza de bodas y los anillos de tus aniversarios de boda número 25 y 50.¿Sientes que estar aquí, de alguna manera, le da continuidad a tu historia? ¿Pamplona te habla de él?

Sí, creo que sí. Suena tonto, pero creo que la conexión es más fuerte aquí. Hablo con él todos los días. Aunque vivimos en Canadá la mayor parte de nuestras vidas, lo siento aquí más que en cualquier otro lugar. Ya sabes, mi sangre es escocesa, eso nunca va a cambiar porque así soy yo. Y mis recuerdos están en Canadá, porque estuve allí 50 años. Pero Pamplona es donde está mi corazón.

Veo que tienes una manta en las piernas, una manta muy bonita. ¿Qué nos puedes contar de ella? 

Pertenecía a mi marido. La compramos cuando tuvimos que llevarlo a una residencia para que tuviera algo con lo que acurrucarse por la noche o cuando dormía la siesta. La usaba todo el tiempo; estaba en su cama todo el tiempo. La usaba cuando estaba en su andador y en su silla de ruedas, y ahora sus nietos también lo usan. Se acurrucan junto a ella y siempre está aquí, en la silla. La llaman "la mantita de papá".

¿Trajiste muchas otras cosas de Canadá?

No, soy minimalista. No me gusta tener muchas cosas. Pero sí me gusta tener mis cuadros colgados en las paredes y cosas así. Eso es lo que más echo de menos. Tenía un cuadro enorme en mi cocina en Canadá que hizo mi hija. Ella quería probar una nueva técnica. Normalmente trabajamos con acuarelas, pero ella quería probar con óleos. Así que hizo este cuadro y le dije: "¿Qué vas a hacer con eso? Me lo llevo, respondió". Ella no le dio mucha importancia, pero a mí me encantó. Me encantan los colores, me encanta el concepto porque es una imagen dentro de una imagen dentro de la imagen. Lo miras y puedes ver todo tipo de cosas diferentes en él. Eso estuvo en mi cocina durante muchos años. Lo echo de menos.

Dices que sientes la presencia de tu marido aquí. Y tu hija, tu yerno y tus nietos están aquí. Entonces...¿Qué te falta? ¿Qué te causa dolor?

Creo que la gente, el no tener el apoyo de la gente... No me queda nadie en Escocia, nadie. Pero allí nunca te sientes solo. Nunca te sientes extraño porque supongo que ahí es donde entra la sangre, es instintivo. Te conocen y tú los conoces, puedes ser tú mismo. No tienes que ponerte una máscara.

¿Y tuviste que hacer eso en Canadá? ¿Pretender ser alguien más?

Sí, creo que sí. Creo que es necesario. Al principio necesitaba un traductor por mi acento. Pensaba que la gente era muy educada. Estaba muy feliz. No paraban de decirme “¿perdón?”. Incluso mi marido decía “¿perdón?” constantemente. Pensé:“¡Vaya, este tipo no para de pedir perdón, ¡qué genial!” Entonces me di cuenta que mi acento era tan marcado que no podían entender nada de lo que estaba diciendo, ¡no me extraña que todos dijeran ‘perdón’!

Y tenías que tener cuidado con lo que decías. En Escocia, no es un problema. Simplemente lo dices. Nadie se ofende. Y si se ofenden, te lo devuelven; somos muy abiertos en ese aspecto. Pero en Canadá hay que ser un poco más educado. Cuando recién llegué, solía tomar el autobús para ir a trabajar. Un día empecé a charlar con una mujer en la parada y ví que ella se alejaba cada vez más. Y yo pensé: "¿Qué le pasa a esta persona?". Seguí hablando, y ella se seguía alejando cada vez más. Cuando llegué a casa se lo conté a mi hermana y me dijo: "Aquí no se hace eso. Aquí no se puede hablar así simplemente con la gente". Mientras que en Escocia la gente en la calle te preguntaría: "¿Qué estás haciendo?¿Cómo te fue en el trabajo?” Y la conversación fluía. 

Hablemos de estereotipos. Cuando te mudaste de Escocia a Canadá, ¿descubriste que la gente tenía una idea definida de cómo eran los escoceses?

Teníamos una reputación fabulosa allí, sin duda un estereotipo positivo. Todos nos querían. Me preguntaban si era irlandés y, cuando respondía que era de Escocia, enseguida me decían cuánto les gustaban los escoceses o que tenían ascendencia escocesa. Tienen una muy buena relación con los escoceses. Y aquí me recibieron igual: los españoles son muy abiertos con los canadienses.

¿Crees que tienes privilegios en este sentido, es decir, por venir de países como Escocia y Canadá?

Creo que sí, creo que marca la diferencia. Creo que tengo el acento correcto. No está bien, pero desafortunadamente eso probablemente sea cierto en cualquier lugar al que vayas. Pero, ellos saben que no soy de aquí, en cuanto me miran lo saben.

¿Y cómo lo pueden saber con sólo mirarte?

Por la forma en que te vistes. Aquí las mujeres son fabulosas, tan arregladas. Con su maquillaje, su pintalabios y sus joyas... ¡Dios mío, me encantan sus atuendos! Les tengo muchísima envidia, porque en Canadá solo se usan vaqueros y camiseta o pantalones y zapatillas. Seguro que cuando me miran, piensan: "¿Qué clase de extranjera es esta?".

¿Puedes contarme un poco sobre tu día a día aquí en Pamplona? ¿Ya tienes una rutina?

Tomo cada día como viene, algunos días son buenos, otros no. Antes era una persona madrugadora. Me levantaba a las siete, desayunaba, salía a caminar, jugaba al tenis, etc. Ahora me doy cuenta de que no puedo levantarme de la cama antes de las diez, es horrible. Y como en España todo cierra tres horas al mediodía, siento que se me ha ido el día. ¿Qué hago? Me siento aquí durante esas tres horas y después pienso,¿Realmente quiero salir ahora?Así que siento que tengo que controlar más mi vida y participar más en las cosas que suceden por la mañana. Sin duda, me gustaría hacer más, porque solo tienes una vida, así que más vale que funcione.

Si tuvieras una varita mágica y pudieras cambiar instantáneamente algo de tu vida aquí, ¿qué sería?

Me gustaría poder hacer más, porque eso me ayudaría a sentirme más centrada, más integrada y le daría un poco más de sentido a mi vida. A mi edad, creo que es importante mantenerse en forma, así que me gustaría practicar más deportes, especialmente tenis. Jugué mucho tenis en Canadá, generalmente dobles, porque en individuales hay que correr demasiado. Echo mucho de menos el tenis.

Y si pudiera, me gustaría traer a algunos amigos aquí, para sentirme más cómoda, no tan sola. Mis amigos me conocen, iríamos a tomar un café y comer unas donas después de jugar al tenis, y no porque sea muy saludable, por cierto. En general, me gustaría tener más gente a mi alrededor. No es soledad en sí, es solo que me siento un poco desconectada. Es algo difícil de encasillar, porque me gusta verdaderamente mi tiempo a solas. Pero no quiero llegar al punto de ser una reclusa porque no creo que eso sea saludable a esta edad, ni a ninguna edad. Por eso, no tengo cafetera en casa, porque si quiero un café, tengo que salir a buscarlo.

Si ahora tuvieras que cerrar los ojos y pensar: "¿Qué significa mi hogar para mí?". ¿Qué es lo primero que te vendría a la mente? 

Familia. Y estoy con mi familia, así que mi hogar está aquí. Donde ellos están, yo estoy allí. Sabes, Pamela, mi hija, me estaba leyendo mi horóscopo del año. Dicía que todo va a cambiar, que voy a estar más centrada y con los pies sobre la tierra este año. También dicía que soy una persona muy familiar, que no voy a ningún lado a menos que mi familia esté ahí. Y le dije: ""Oh, Dios mío, tengo 75 años, ¡tengo que conseguirme una vida propia!” Pero es cierto. Creo que la familia es el corazón de todo. ¿No crees que por eso existimos?

Pero, tampoco quiero limitarme a ser solo abuela o madre; también quiero tener mi propia vida. Y ese es el mayor reto aquí. Una tiende a posponer su vida porque se siente un poco incómoda exponiéndose.

Permíteme terminar diciendo que creo que eres muy valiente por lo que estás haciendo y lo estás haciendo con la frente en alto. Lo estás haciendo con desafíos y dificultades. Hiciste lo mismo hace muchos años cuando te mudaste de Escocia a Canadá, solo que, claro, eras más joven, tenías toda la vida por delante y encontraste el amor. Por ello puede parecer que fue más fácil, y tal vez sí lo fue. Pero lleva tiempo. Es un proceso y no sucede de un día para otro. Requiere esfuerzo...esfuerzo que estás poniendo tratando de conectar con la gente y concentrándote en tus deportes. No creo que nunca lleguemos a integrarnos del todo, siempre hay algo que dejamos atrás. Pero dejar algo atrás también abre un pequeño espacio para que entre algo nuevo. Creo que debemos centrarnos en esto.

¿Entonces tengo que seguir haciendo Duolingo?

Sí, tienes que hacer Duolingo, jugar al tenis, empezar tus clases de aquagym, salir a tomar un café y seguir hablando con la gente en el ascensor. Y dentro de unos meses, todos estos ladrillos que estás colocando comenzarán a tomar forma. Será una nueva forma, no serás la misma persona que eras en Canadá, serás algo diferente, una nueva tú. 

Creo que sí. Creo que lleva tiempo a cualquier edad. Tiempo y esfuerzo. Tienes que arriesgarte, porque nadie va a venir a llamar a tu puerta. Tienes que salir y lograrlo.

Y a veces tienes que invadir un poco el espacio personal de alguien, como lo hiciste en Canadá... 

Aquí puedes hacer eso un poco más, yo ya lo hago aquí. Voy a Taberna a tomar un café y, mientras estoy sentada con mi iPhone, empiezo a charlar con la gente, normalmente sobre el tiempo. Y cuando me responden, les digo: "Bueno, no entiendo mucho lo que dices, pero me alegra que me hables".

 Ese es el espíritu. Incómoda o no, lo haces. Bueno, gracias de nuevo, Cathy, por compartir tanto de tu vida y tus reflexiones personales. No siempre es fácil.

Gracias Bianca, muchas gracias. ¡Y ahora puedes borrarlo todo!