Más Que un Inmigrante: Reinvención, Resiliencia y Convertir los Desafíos en Propósito

Esta es una historia de resiliencia, reinvención y la firme determinación de transformar los desafíos inesperados de la vida en algo significativo. De Bucarest a Pamplona, Claudia no solo ha reconstruido su vida como madre soltera inmigrante, sino que también se ha convertido en un apoyo fundamental para que otras mujeres puedan hacer lo mismo.


La primera vez que conocí a Claudia, en un café de la Plaza del Castillo, quedé inmediatamente cautivada por ella. Inteligente y elocuente, logró dejarme sin palabras en varias ocasiones mientras me contaba su historia de vida. Más tarde, concertamos una entrevista en su casa, donde nos recibió con un delicioso desayuno. Habría podido hablar con ella durante horas, y espero que nuestra conversación no termine con esta entrevista.

Buenos días, Claudia. Gracias por aceptar la entrevista. Creo que tienes una historia hermosa e importante que contar.

¿Puedes contarme algo sobre ti? ¿De dónde eres? ¿Cómo era tu vida antes de venir a Pamplona?

Soy de Bucarest, Rumanía, y este año cumpliré 39. Rumanía tiene una gran capacidad para reconocer a las personas valiosas, preparadas y responsables. Puedo hablarte de una vida muy bonita que he tenido en Bucarest, tanto en el plan personal como en el ámbito profesional. He trabajado bastantes años como psicóloga, tengo un Máster en Psicología Clínica y una especialización en Hipnosis Ericksoniana. Y después, durante muchos años, he trabajado en la industria farmacéutica como gestora de una división para una multinacional.

¿Qué te ha traído hasta aquí? ¿Cuándo llegaste a Pamplona y por qué?

Llegué hace un par de años. Creo que empecé una forma de migración antes de emigrar geográficamente, vamos a decirlo así, porque la vida en sí misma es una migración: migramos emocionalmente y cognitivamente y, muchas veces, también tenemos que cruzar fronteras geográficas. Mi viaje empezó cuando me quedé embarazada y durante el embarazo se manifestó una enfermedad renal. En el momento que hemos tenido que plantear diálisis y un trasplante, sola con un crío de dos años en Bucarest, he tenido que venir y acudir a mi familia, que llevaba ya bastantes años viviendo aquí.

¿Puedes contarnos algo sobre cuándo llegaste a Pamplona y cómo fue ese momento?

La idea inicial era venir por un par de meses, hasta cuando mi salud se ponía un poco en orden y después volver. Como te decía, mi vida en Rumania siempre ha sido muy bonita, con muchos retos y momentos que disfruté muchísimo. Pero, claro, en Rumania tenemos un dicho: “ El plan que haces en casa no es el mismo que te encuentras en el mercado”, así que al final tienes que adaptarte y acostumbrarte a las nuevas situaciones. Ha sido bastante intenso porque he tenido que empezar directamente diálisis, así que en un país nuevo, con problemas médicos bastante importantes, con un niño pequeño, todo eso me generó un estado de hipervigilancia. Durante mucho tiempo, viví en modo supervivencia, más que en modo vida.

Cuando llegaste, ¿qué cosas te hicieron sentir bienvenida y cuáles te resultaron más difíciles?

Los especialistas y el personal médico del hospital me han acogido con mucho cariño y con mucha amabilidad, y esto me ha dado bastante confianza. Pero, claro, entre hospital, vivir en un pueblo pequeño, enfrentarse con la mentalidad de pueblo, sí que he tenido bastantes retos.

¿Cómo han influido estos desafíos de salud en tu perspectiva de la vida? Porque han sido bastante serios.

He tenido la oportunidad de practicar mi paciencia y gestionar la incertidumbre, porque te encuentras en una situación que no depende de ti, no depende mucho de los médicos y cada organismo responde de una manera distinta. Además, como vengo de Rumanía, que es un país con una cultura profundamente marcada por la resiliencia a través de muchos cambios históricos, creo que también esto me ha ayudado muchísimo. Tenemos la capacidad de superarnos y reinventarnos. Quizá sea una cualidad personal que tengo: afrontar cada situación como un reto y seguir evolucionando para adelante.

Además, en la literatura rumana, existe una gran cantidad de obras que hablan sobre el viaje iniciático. Un personaje que pasa por un montón de situaciones, aprende muchas cosas, se enfrenta con una serie de obstáculos. El objetivo no es llegar a un punto, sino transformarse a sí mismo y comprender el mundo de manera diferente. Y creo que esa es la filosofía que me ha guiado y que me ayuda a seguir adelante cada día, porque, al final, veo todo como un viaje iniciático

Sin entrar en detalles, tus problemas de salud siguen presentes. El viaje no terminó con el trasplante; todavía sigues afrontando desafíos. Además, eres una madre soltera que está criando a un niño pequeño en un país extranjero, hay días que son muy difíciles.

¿Qué es lo que te impulsa a seguir adelante en esos momentos? ¿Qué cosas te ayudan a avanzar en los tiempos más difíciles? Lo pregunto con total admiración.

La educación profesional era una de las cosas que más me motivaban en mi vida. Al llegar aquí me encontré con una realidad completamente diferente. He tenido que adaptarme a la vida de madre, después a la vida de madre soltera, más tarde a la vida de madre soltera inmigrante, y por fin a la vida de madre inmigrante soltera en diálisis o con un trasplante, que también requiere muchos cuidados. Y he sufrido por eso. No porque no podía ejercer como psicóloga, porque también se pueden homologar los estudios, sino porque necesitaba un nivel de energía y de implicación que en ese momento no tenía. Entonces hay que buscar otras maneras. Yo he elegido una forma menos tradicional de practicar la psicología, pero todavía tengo la oportunidad de acompañar a las personas y de apoyar procesos. Eso me ha permitido consolidar, en cierta medida, mi nueva identidad profesional. Como decía antes, hay que reinventarse; hay que convertirse en una especie de ave fénix. Después, claro que otro vehículo importante es mi hijo, pero aquí la situación tiene unas capas más sutiles…

Yo quiero que mi hijo me vea como una persona plena, como una mujer digna y como una profesional, no solamente como una madre agobiada por las cargas, por las dificultades económicas y todas las supercargas que las madres solteras en un país extranjero afrontan. Por eso, la necesidad y el deseo de crecer personalmente y profesionalmente tendrán , sin duda, un impacto en la vida de mi hijo y en su desarrollo. Y, más allá de eso, lo que me interesa es que mi hijo viva en una sociedad de la que se sienta parte, donde sienta que pertenece, donde pueda aportar el mejor de sí mismo, y donde sienta en plena confianza para desarrollar su vida, más allá de la etiqueta de inmigrante de segunda generación.

Entonces llegamos al punto fundamental: la asociación. Tu exigencia de crear y mantener una identidad profesional te llevó a observar qué necesidades existían y qué causas sentías especialmente cercanas… ¿Cómo llegaste al punto donde decidiste que querías empezar esta asociación para las madres extranjeras solteras en Pamplona?

¿Qué viste que faltaba y que te hizo pensar: “Vale, este puede ser mi nuevo propósito”?

Como extranjera, te encuentras con todas estas fiestas que no puedes comprender del todo. Y si no tienes una comprensión sobre el mapa o el territorio, te va a costar muchísimo más interactuar con él y sentir que pertenece a ese territorio. Llegas ahí y todo el mundo está viviendo la fiesta con naturalidad. Hay poca gente que te va a observar porque tienes esta ropa invisible de inmigrante y nadie te va a explicar por qué pasan las cosas qué significado tienen. Entonces empiezas a leer e informarte, pero no es lo mismo. Tienes que salir a la calle y vivir esas experiencias por ti misma. Así que he empezado este viaje primero de mano con mi hijo : “Vamos a salir, vamos a descubrir qué hay ahí fuera.”

Creo que poco a poco he empezado a sentir que el patrimonio y la cultura pueden ser un vehículo muy importante para sentirte parte de este territorio navarro, que además es muy rico de tradiciones. Me acuerdo exactamente del momento cuando he dicho que tengo que hacer algo y tengo que hacerlo acompañada de más gente, porque entendí que aquello no era solo un problema mío.

Estaba haciendo una formación en actividades socioculturales, acompañando a un grupo de mayores en una visita al Ayuntamiento de Pamplona. Con esa visita y con esa persona que me ha explicado un montón de cosas, he podido sentirme un poquito más pamplónica, un poco más parte de lo que ocurría a mi alrededor. Ver los carteles de San Fermín de distinta época, comprender sus símbolos y empezar a relacionar unas cosas con otras te aporta otra dimensión y otro nivel de comprensión. Y entonces puedes entender un poquito más el ritmo, puedes descifrar un poquito más los códigos y los referentes culturales, y esto te ayuda a navegar mucho mejor la vida cotidiana. Fue entonces cuando pensé: ”De aquí partimos: utilizamos cultura como herramienta de integración”. 

Tuve la oportunidad de empezar de nuevo eligiendo algo que me gustaba. Por supuesto, hubo mucha frustración, porque en Rumanía ocupaba un puesto de gran responsabilidad y, cuando llegué aquí, me encontré con profesionales que me sugerían trabajos muy alejados de mi trayectoria y de mi formación, como limpiar las calles.

Pero quizás, era precisamente eso lo que tenía que ocurrir. Porque, si hubieras podido mantener fácilmente tu trabajo, probablemente no habrías hecho lo que estás haciendo ahora. Así que a veces las cosas suceden de una manera, porque te fuerzan a cambiar tu dirección...

Claro, y la misma mentalidad de Silver Lining la tengo con la enfermedad. También creo que tengo cierta capacidad de influenciar a la gente, de motivarlas un poco, así que utilizar mi propio recorrido es algo que funciona.

Otra filosofía de vida que tengo es el mejorismo, que no es un optimismo gratuito, sino  la mentalidad de que con acciones propias siempre se puede mejorar la situación. No creemos en una utopía, ni en una vida o en un mundo perfecto, pero si creemos que lo que tenemos a nuestro alrededor  siempre se puede mejorar. Y eso hay que hacer desde una posición de acción, y no de espera. Y así he empezado el proyecto de la asociación Religa. Religa viene también de un concepto filosófico, pero nosotros vamos más allá: buscamos unir piezas dispersas para formar una sola unidad. Desde ahí hemos empezado a diseñar el proyecto Amareki, que es un proyecto de integración sociocultural dirigido a las madres solteras inmigrantes.

¿Qué significa Amarekin?

En euskera, Amarekin significa «con la madre». Y como euskera es una parte muy importante en la cultura navarra, hemos decidido integrarlo al proyecto para acercarnos un poco más a esa realidad cultural. Hemos elegido Amarekin Navarra, por un lado porque Navarra así se convierte en una madre que ofrece apoyo y acogimiento en su territorio, y por otra parte porque el proyecto está dedicado a las madres solteras inmigrantes. Se trata de un itinerario de inclusión sociocultural de 12 meses. En la práctica, es una integración gradual, con actividades correladas con el calendario festivo navarro.

¿Quién os apoya económicamente para poder llevar estas actividades a cabo?

Somos una asociación sin ánimo de lucro, así que el presupuesto con el cual trabajamos es público. También colaboramos con distintas entidades e instituciones locales. Actualmente estamos esperando la resolución de una subvención del gobierno de Navarra.

¿Te ha resultado difícil este proceso? ¿Sientes que las instituciones locales valoran el trabajo que hacéis? Y, en consecuencia, ¿recibís apoyo económico para poder mantener el proyecto?

El proceso de solicitar financiación no me ha resultado especialmente difícil. En mi caso, como también tenía algunas habilidades por mi trabajo anterior en Rumanía, he podido gestionarlo bien. Pero para una asociación que ahora empieza sus actividades, se agradecería un poquito más una formación básica en este ámbito. Porque desarrollar un proyecto con todo lo que supone para poder presentarlo a una subvención es mucha carga y muchas veces no sabemos navegar entre la terminología que está muy específica. Puede que exista una idea excelente detrás de un proyecto, pero si no se tiene la capacidad de traducirla a un lenguaje adecuado para las convocatorias, esa idea puede quedarse por el camino.

He tenido la suerte de colaborar con una entidad que me ha apoyado un poco a pulir y estructurar mejor el proyecto. Gracias a ese apoyo, creo que hemos conseguido presentar una propuesta sólida. Además, todos los servicios y entidades con los que he podido contactar en el marco de este proyecto han mostrado interés, tanto por el impacto social que puede generar como por su componente innovador y creativo, especialmente por la manera en que combina el patrimonio intercultural con el patrimonio navarro.

Me gustaría que las instituciones públicas y administrativas pudieran ver a las personas inmigrantes también como colaboradores. Porque pasar de ser únicamente beneficiaria de un programa de ayuda a convertirse en una entidad capaz de desarrollar ese tipo de programas es algo muy valioso e interesante.

¿Qué esperas, pensando en los próximos años, de este proyecto de apoyo a estas mujeres y a sus hijos? ¿Qué tipo de impacto te gustaría ver en sus vidas?

El proyecto tiene dos ejes principales. Por un lado, el acercamiento al patrimonio cultural navarro; por otro, es un homenaje a la cultura de las madres y a las tradiciones de sus países de proveniencias. Pero otro eje importante es el empoderamiento femenino y el desarrollo interpersonal. Trabajamos todo esto porque queremos que estas madres sean, más allá de la etiqueta de “madres solteras”, mujeres plenas, capaces de contribuir en la sociedad; mujeres dignas y referentes para sus niñas y niños. Lo que espero es generar una red de apoyo informal donde ellas puedan encontrar una amistad y un sentido de arraigo y de pertenencia. Después conocer y vivir este espacio, que lo puedan habitar como suyo, y que los niños se desarrollen con confianza en sí mismos, en la riqueza cultural que tienen desde el país de origen y combinado con lo que pasa aquí.

La meta es multiplicar y replicar este proyecto. Es un proyecto de 12 meses, pero espero que las madres permanezcan vinculadas a la asociación y que puedan transformarse en agentes de cambio para su pequeña comunidad. Y así, poco a poco, crecer una comunidad más arraigada y más feliz, porque al final todo esto contribuye al bienestar personal.

¿Qué podrían hacer las instituciones y la comunidad local para apoyar este proyecto?

La Administración en España apoya en gran medida el proceso de integración de las personas migrantes. Si hablamos de necesidades básicas, hay muchos programas que, por un lado, pueden ofrecer soluciones. En un contexto internacional, político y económico complejo, es comprensible que los recursos sean limitados y que sea difícil responder de forma personalizada a cada situación, pero aun así se trabaja en esa dirección. El problema de la vivienda sigue siendo un reto importante para muchas familias, pero se trabaja muchísimo en esto. Lo que creo que se podría mejorar es ofrecer un entorno un poco más fértil, en el que estas personas no solo sobrevivan, sino que puedan desarrollarse. De este modo, la comunidad local también puede beneficiarse. Una comunidad más cohesionada y saludable genera beneficios para todos.

Si quisiéramos dar un ejemplo práctico de cómo la comunidad podría contribuir, ¿cuál sería?

En este momento, el grupo Amarekin desarrolla actividades solamente con madres extranjeras, porque queremos que se sientan acompañadas, que se sientan bien consigo mismas y, posteriormente, que puedan integrarse en la comunidad y construir una red de apoyo. Esperamos que la comunidad esté abierta a recibir y abrazar a estas madres, para así poder seguir construyendo juntos. Al final del año, tenemos preparada una exposición con la Casa de Cultura de Juárez, donde presentaremos todos los productos culturales y creativos que vamos a realizar durante este periodo.

Utilizaremos este momento también como una actividad de sensibilización. La idea es que la comunidad local pueda comprender fácilmente cómo apoyar a estas madres. A veces se trata de pequeños gestos que pueden pasar desapercibidos, porque todos vivimos a un ritmo muy acelerado y es fácil dejar de lado a los demás. Puede que no te des cuenta de que una madre tiene a su familia enferma en su país de origen y está pasando por un momento difícil. Y quizá un gesto tan sencillo como invitarla a tomar un café, o decirle: “Voy a quedarme un rato con tu hijo, así puedes descansar una hora y media”, puede marcar una gran diferencia. Porque muchas madres solteras no tienen ni siquiera ese lujo de tener media hora, no una hora y media. Así que vamos a dar pistas pequeñitas y con mucho cariño a la comunidad. Planeamos una mesa interactiva y esperamos que sea un momento interesante y enriquecedor.

¿Qué significa el hogar para ti?

Eso ha cambiado, claramente. Me acuerdo mucho de los primeros meses aquí, cuando echaba de menos mi casa, mi carrera y todo lo demás. Y después he tenido que viajar a Rumanía, y echaba de menos Pamplona. Es que hay un momento en la vida de una persona que está migrando que ya no sabes cuál es tu casa, no te puedes encontrar ni ahí ni aquí, y sigues viviendo así, dividido. Ahora, casa es estar con las personas que quieres. Es un sentimiento: sentirte bien contigo misma, en confianza y relajada.

Hoy en día, Pamplona se siente como casa. También recuerdo un momento muy específico en el que me sentí así: cuando empecé a recorrer Pamplona llevando regalos, encontrándome con personas, compartiendo. Eso te genera un sentimiento muy fuerte de pertenencia.

Ya no eres solo una turista…

Exactamente. Perteneces al lugar.

La última vez que nos encontramos dijiste que no querías ser vista como víctima de las circunstancias, de tus problemas de salud y todo eso. ¿Cómo te gustaría que tu historia fuera vista y entendida por los demás? ¿Por qué quieres tener esta actitud activa y propositiva?

He trabajado mucho en esto. Porque una situación así importante te despierta muchas inquietudes personales. Pero es una historia de reinvención, es una historia de no tirar la toalla, de no rendirse. Al final tengo mucha responsabilidad con mi hijo, pero también tengo mucha responsabilidad con mí misma. Es una vida que no se puede dejar desgastar.

Lo realmente increíble es que, en esta situación, podrías centrarte solo en ti misma y en tu hijo, pero lo que haces es enfocarte hacia fuera, y esa probablemente es una de las formas más sanas de afrontar esto.

Esta vulnerabilidad, en una época como la actual, puede ayudar a otras personas y encaja mucho con mi filosofía de mejorismo. Esto puede servir para contar una historia que, a primera vista, puede parecer bastante dramática: una diálisis, un trasplante, siendo tan joven… Pero al final cada historia tiene sus propias dificultades. La mía es esta. Hay otras personas que quizá tienen sufrimientos mayores o situaciones más complicadas y, aun así, siguen adelante.

Al final, todo se reduce al reinventarse, a salir de la etiqueta que muchas veces nos ponemos a nosotros como personas migrantes. Porque, si tú misma te limitas y te percibes únicamente como inmigrante, la sociedad tampoco puede hacerlo todo sola. Tiene que haber un intercambio equilibrado. También tienes que aportar mucho. Aquí es donde entra la asociación. Hay mujeres que están en una situación de alerta, de hipervigilancia, que en este momento no pueden acceder plenamente a sus recursos internos. Entonces, nosotros las acompañamos, ofreciéndoles un entorno seguro para abrirse y crecer.

Si hay algo que entender de mi historia, creo que es esto: reinventarse y seguir adelante. Porque la vida es muy bonita y tenemos esta responsabilidad de hacerla aún más bonita.

¿Puedes darme algún ejemplo concreto de actividades que hayas realizado para acercar a estas madres solteras a los eventos y tradiciones culturales de Navarra?

Sí, claro. La semana pasada hemos tenido una actividad con la Catedra de Patrimonio Inmaterial de la Universidad Pública de Navarra que nos apoya tanto desde el ámbito académico y cultural como a través de distintas actividades. En este caso hemos tenido una sesión con realidad virtual dedicada al Privilegio de la Unión, que es un momento histórico de gran importancia para Navarra. Ha sido el punto de partida de este viaje de integración sociocultural. Las madres pudieron participar en dinámicas muy interesantes utilizando nuevas tecnologías en un aula de realidad virtual de la universidad y vivir la fiesta con acompañamiento y explicaciones. 

¿Cuáles han sido las reacciones de las madres después de este evento?

Algunas llevan 18 años viviendo en Pamplona; otras un par de años, y otras apenas tres meses. Sin embargo, muchas de ellas todavía no han conseguido desarrollar un verdadero sentido de pertenencia. Por eso, cuando presentamos este espacio de encuentro para madres solteras migrantes, la reacción fue fantástica. Mucho agradecimiento que estamos ofreciendo esta iniciativa, porque son madres que atraviesan muchas dificultades y emociones, y no tienen ninguna red de apoyo, ni formal ni informal. Entonces este es un espacio donde pueden sentirse acogidas.

Lo que queremos hacer es mirar las necesidades: una madre soltera emigrante es una madre de 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. No se puede enfermar, no puede tener bajas de moral, tiene que ser presente y funcional. Entonces, ofrecer servicios de conciliación con actividades paralelas y lúdicas para los niños, y  acercándonos al patrimonio inmaterial, es muy importante. 

Para darte otro ejemplo, organizamos una excursión a Burgui, en Valle de Roncal, para participar en otra tradición muy importante y especial de Navarra, el Día de la Almadía. Hemos elegido esta tradición porque se parece mucho a nuestro propio proceso de migración. Como las Almadías, avanzamos en un entorno nuevo, muchas veces sin controlarlo todo, aprendiendo a adaptarnos a la corriente, sosteniendonos con lo que tenemos y con quienes tenemos a lado. Como las almadieros que bajan por el río, nosotras somos mujeres que avanzan y que siguen adelante incluso cuando el camino no es fácil. 

Yo creo que, cuando vivimos las cosas directamente, las integramos de una manera diferente. Y me gustaría que estas madres también se conviertan en transmisoras de ese patrimonio cultural.